El acoso escolar (bullying) no es un problema lejano ni ajeno, está en nuestras
aulas, en los pasillos y hasta en los grupos de WhatsApp de los estudiantes. Se
manifiesta con burlas, apodos hirientes, empujones o mensajes ofensivos que,
aunque parezcan “juegos”, dejan cicatrices profundas en quienes los sufren.
Ansiedad, depresión, aislamiento e incluso pensamientos de suicidio son algunas
de las consecuencias que no podemos ignorar.
En Cochabamba, un estudio realizado por el Instituto para el Desarrollo Humano
(IpDH) en el Distrito Educativo de Colcapirhua, mostró que cuando la comunidad
educativa se une, las cosas cambian. Al inicio, pocos estudiantes reconocían qué
era realmente el acoso escolar. Pero después de que directores, profesores,
padres de familia y jóvenes líderes trabajaron juntos realizando actividades de
prevención como sesiones con estudiantes, ferias, entre otras, la mayoría de los
estudiantes, no solo entendió el problema, sino que se animó a defender a sus
compañeros.
Los resultados hablan por sí solos, más del 80% de los estudiantes identifica
situaciones de riesgo y casi el 90% está dispuesto a intervenir si ve a alguien
siendo acosado, antes de la intervención estas cifras eran menores al 38%.
Incluso, los casos reportados de bullying durante 2025 disminuyeron del 4% al 1%.
Estos datos provienen de dos encuestas aplicadas a 370 estudiantes de
Colcapirhua, la primera en abril, antes de implementar la metodología de
prevención del IpDH, y la segunda en octubre, luego de trabajar el tema en las
unidades educativas.
Lo más valioso es que los jóvenes dejaron de ser simples espectadores. Hoy
muchos se consideran “defensores contra el bullying”, denunciando agresiones y
apoyando a quienes antes sufrían en silencio.
Este cambio no fue casualidad, fue fruto de un esfuerzo colectivo de profesores
que se comprometieron, padres que participaron y adolescentes que asumieron el
rol de líderes. Esto evidencia, que cuando la comunidad educativa, se organiza, el
respeto y la solidaridad se vuelven más fuertes que la violencia.
El acoso escolar no se combate solo con sanciones, sino con prevención,
empatía, la decisión de no callar y la valentía de defender a los compañeros. En
Cochabamba ya existe una experiencia que demuestra que sí se puede. Es un
ejemplo que merece ser replicado para que las escuelas sean espacios seguros,
donde cada estudiante se sienta protegido y valorado.
Este trabajo fue posible gracias a la coordinación y el compromiso de la Dirección
Distrital de Educación de Colcapirhua y al apoyo de la Dirección Departamental de
Educación.
Autora: Melania Fernandez, facilitadora del IpDH – Instituto para el Desarrollo
Humano – Bolivia
Publicado en https://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20260315/columna/comunidad-educativa-contra-acoso-escolar







